martes, 28 de octubre de 2014

Vivir-morir

No te preocupes por el destino, ni por mí. Si algún día debemos juntarnos lo haremos por querer hacerlo. Por intentarlo y sobrevivir en nuestra propia realidad. Única e indiferente. Como tú.
No te preocupes, si debemos ser felices lo seremos por querernos. Por querernos a morir, o a matar, o morir por querernos o matar por amarnos. Qué ironía esta en la que el amor es vida, pero amarte es morir, porque todo el que tengo por y para ti me consume por cada supiro. Por cada minuto de silencio por la muerte de tu presencia; ausencia de la esencia de tu presencia. Por ti. Muero por ti, por la distancia. Y hablando de distancias... he llegado a la conclusión de que me quedas mejor a distancias cortas, mínimas, e incluso mejor en inesixtentes. Por el simple hecho de que mis manos no saben sobrevivir sin las tuyas, y apuesto a que tus ojos no brillan desde que no me ven. Y también apuesto a que esa playa dejó de sonreír desde que dejamos de hacerla cómplice de nuestro delito, de nuestro homicidio, de nuestro lento asesinato en el que nuestros besos fueron víctimas. Apuesto a que la luna ya no sonríe desde que dejé de encontrarte y la miro para buscarte, imaginarte... ¿Sentirte? Ojalá pudiera sentirte: ojalá pudiera sentir tus manos rozándome otra vez, tus labios besándome en susurros, tu sonrisa en el cuello... Ojalá pudiera sentir aunque solo fueran tus ojos en los míos para volver a perderme y perderte conmigo. Ojalá pudiera tenerte cerca, sí, ojalá pudiera sentirte. Ojalá pudiéramos sentirnos, sentarnos uno frente al otro, campartiendo el silencio de las palabras y los gritos de las miradas. Acariciarte la cara y sacar media sonrisa por el lado que en ese momento no estés besando. Volver a morderte, aunque todo vaya en contra o a favor, decirte que te odio mirándote a los ojos y esperar tu carcajada para que venga la mía después, y eternizarnos en ese momento.

Y llenarme de vida la vida, y llenar de vida mi vida, y sentirte vivo, vida mía. Resucitar de tu ausencia, de la ausencia de la esencia de tu presencia y vivir, sin ojalás. Solo vivir, sin distancias, sin tiempo ni relojes. Sin dependencias, sin lamentos, sin ausencias. Vivir, vivir de ti, junto a ti, para ti, porque sí, por amor. Por la vida del amor, por la muerte del lamento. Vivir, mi amor. Morir contigo y no por ti. Sentir. Escribir. Por ti, por mí, por los dos y el amor. Por la eternidad de nuestras noches, por la eternidad de nuestras vidas. Por la eternidad contigo. Porque vuelvas conmigo.


jueves, 16 de octubre de 2014

Me quedo contigo

Lo he intentado. Te lo juro que sí. Que he intentado olvidarte, buscar alternativas a ello mentalizándome de nuestros principios y finales en cada verano. He intentado pensar en otras cosas, perderme en otras bocas... Es inútil. No puedo buscar en nadie lo que solo encuentro en ti. No puedo exigir que me provoquen lo que tú me provocabas, porque además de ser injusto, es imposible. No hay nadie como tú, ni aquí, ni allí, ni en la otra punta del mundo, y aunque lo hubiera me daría igual. Yo con quien he llorado de risa ha sido contigo. Yo con quien he pasado noches enteras abrazados mirándonos a los ojos ha sido contigo. Yo con quien me he sentido segura ha sido contigo. Yo con quien he pasado mis mejores agostos ha sido contigo. Yo con quien me quedo es contigo. Contigo mil y un veces. Ahora y siempre. En verano y en invierno. En Castellón y en Toledo. Contigo. Me quedo contigo porque eres conmigo todo lo que nunca han sido, y lo que no quiero que nadie sea, nadie más que tú. Me quedo contigo por tus sonrisas. Me quedo contigo por tus manías. Me quedo contigo por tus miradas, por tus caricias. Me quedo contigo por la manera de acercarme a ti cuando me sientes demasiado lejos. Me quedo contigo por tu carisma. Me quedo contigo por tu voz, tu manera de hablar y de hablarme. Me quedo contigo por tus detalles. Me quedo contigo por tus locuras y por volverme loca. Me quedo contigo por tus palabras, tus hechos, tus promesas y tus fantasías. Por tu simpatía, tu gracia, tu paciencia, tu humor, tu positividad. Por los besos, los abrazos, por los 'sí' y por los 'no'. Por los desayunos juntos y los pendientes. Por las cenas y las noches en apartamentos ajenos o en la playa. Por las veces que estuviste y sé que estarás. Por cuidarme, por protegerme, por saber quererme. Me quedo contigo porque sí. Porque vales la pena aunque la pena contigo no exista. Porque sé que eres capaz, pero también que te da miedo. Porque sé que lo piensas; que me piensas. Porque sé que no soy la única que echa de menos tenerte cerca, y que no soy la única que se caga en la puta distancia. Porque sé que no solo soy yo quien mira al cielo cuando la luna está llena. Porque sé que hay la misma distancia de tu cama a la mía que de mi cama a la tuya, y que no solo yo me tumbo alguna que otra noche mirando al techo con las manos en la nuca pensando en cómo sería si estuvieras aquí. Porque sé que ya no puedes escuchar esas canciones sin acordarte de aquella noche, y que esa gorra es más especial de lo que se puedan imaginar.
Es sencillo, me quedo contigo porque te quiero; porque te quiero igual aquí que estando a 542km de distancia. Y aunque te acojone admitirlo, sé que tú también me quieres, porque tú sigues siendo tú, y yo sigo siendo yo; estés dónde estés, esté dónde esté.
Yo ya lo tengo claro, ahora te toca a ti.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

En blanco y negro

Es él quien me acompaña y a quien me paso abrazada cada noche. Y cuanto más lo aprieto contra mi pecho no sé si te siento más cerca o más lejos, si me sana la herida o la hace un poco más profunda, si me hace bien o me hace mal.
Debe de estar arto de escucharme hablar de ti, debe de estar aburrido de ser mi paño de lágrimas, y a estas alturas debe odiar los pasos de mi cama a la tuya casi tanto como yo. Pero él bien sabe que no se queda en una simple charla, sabe que siempre después de las charlas llega la rabia. Llega el momento en que lo muerdo para que no se escuchen mis sollozos ni mi odio inmenso a las putas carreteras que te dejan tan lejos de mi alcance. Llega el momento en el que le clavo las uñas por no tirar todo a lo que abarquen mis manos. El momento en el que solo me escucha pronunciar la palabra 'joder', una y otra vez y lo dejo a un lado de la cama. Pero luego llegan las caricias, llegan la calma y las caricias. Llega el momento en el que cierro los ojos y me imagino que eres tú y vuelvo a abrazarlo. Vuelvo a estrujarlo sobre mi pecho tan fuerte como lo haría si te tuviera en ese momento. Y lo beso. Lo beso con cariño, con ternura. Acaricio las partes que antes hube arañado, y le susurro que todo está bien. Y acurrucada a él me quedo hasta que el sueño vuelve a ganar la batalla y me envuelve en su guerra en la que apareces cada noche, y desapareces cada mañana. Pero él sigue ahí, y con una sonrisa le doy las gracias; y en realidad te las doy a ti, por mandarme a alguien que me acompañe estas putas noches de mierda que se hacen interminables sin ti.

martes, 2 de septiembre de 2014

Miénteme

Dime que no es verdad. Dime que cierre los ojos y que cuando los abra vas a estar aquí, conmigo. Que vas a abrazarme de nuevo, pero que esta vez no vas a soltarme. Que vas a recorrerme el cuerpo con tus labios y vas a perderte antes que yo. Que voy a perder la noción del tiempo otra vez, y que voy a peder la cuenta de las veces que nos ríamos de todo lo que nos separaba hasta antes de cerrar los ojos. Dime que lo nuestro es nuestro y que va a seguir siéndolo siempre, sigamos siendo nosotros o hagamos como que no nos conocemos. Que soy especial para ti y que no hay otra como yo. Que me echas de menos. Dime que me echas de menos. Que necesitas volver a mirarme de cerca, volver a escucharme respirar, volver a sentir mi aliento en tu cuello, volver a pasear de mi mano, volver a reirte de mis manías, de mis gestos. Volver a pronunciar mi nombre y que aparezca por detrás y te abrace. Dímelo. Dime que te hago falta. Que sientes mi ausencia. Miénteme y dime que vamos a volver a vernos en cada esquina de mi ciudad o de la tuya. Que Madrid se nos queda pequeño para pasear y que no necesitamos Paris para volvernos a enamorar. Miénteme, por favor. Miénteme y dime que cuando vuelva a abrir los ojos voy a ver los tuyos y vas a besarme en la mejilla y vas a decirme que se acabó la espera. Miénteme y dime que cuando abra los ojos tú y yo vamos a estar juntos. Y dime que te quedas y que me quedo contigo, donde sea; y sin mentir, dime que lo único que dejamos atrás son kilómetros.

lunes, 1 de septiembre de 2014

Más amaneceres contigo

Hoy las estrellas brillan en mi cielo, aunque no con toda la fuerza con la que quisiera. Quizá esque hoy el sol se encontraba cansado y no tenía fuerzas para darles luz, o quizá sean mis ojos, que no quieren mirar de la misma manera desde que no estás. Puede que esta noche me salven, que las estrellas bajen a mi cama para poder escribirte estas palabras que siempre se te quedan cortas. La noche es oscura, y me pesa. Me pesa no poder tocarte; acariciarte. Pasarme las noches mirando cómo me miras mientras te bailo, cogerte de la mano y escaparnos a donde quiera que nos lleven las ganas de perdernos. Tumbarnos en la arena, enredarnos y ser la luna quien nos envidie por una noche, o por todas las que pasáramos juntos. Sinceramente, no me hubiera importado haber dejado que el silencio nos invadiera mientras las agujas seguian dando vueltas en mi muñeca, aunque nunca sería capaz de rechazar un beso de tus labios. Tenías el juego de tu parte, ibas con ventaja; eras tan poderoso que podías mantenerme en babia todo el tiempo que quisieras, incluso sin quererlo. Mírame. Tú allí, y yo aquí y sigo igual. En babia por tus miradas y sonrisas. Nadie me había mirado así nunca, y me encanta. Me encantaba que me pusieras nerviosa al mantenerme la mirada durante esos minutos que ojalá hubieran sido eternos. Me encantaba que acariciaras mi piel de esa manera en la que llegaste hasta acariciarme el corazón y sanarlo. Sanarlo de todas las veces que se rompió por no haber sido cuidadosa con él.
Cómo no quererte, dime. Cómo no sentir nada. Cómo dejar a un lado todo esto tan nuestro. Después de todo sigues ahí, y después de todo lo que había no se fue. No eres cualquiera, no eres uno más. No es un simple verano más, ¿lo sabes? Tenemos un enemigo, un enemigo que es enemigo si le dejamos serlo. Pero si algo se quiere se intenta y se lucha, se es consciente y constante. Yo sé a lo que me arriesgo, y quiero arriesgarme; me da igual quedarme sin nada. Lo único que me importa lo perderé si no me arriesgo...
Y ya solo me queda decir que los amaneceres no se ven tan bonitos si no son a través de tus ojos, y quiero volver a disfrutarlos contigo, volver a tumbarnos bajo las estrellas y sobre la arena... Solo te recuerdo que aquí tienes tres playas que te están esperando.

viernes, 29 de agosto de 2014

La que más brilla para ti

Un año después vuelvo a verte, y esos quinientos cuarenta y dos kilómetros se vuelven a quinientos cuarenta y dos mil besos, sensaciones, caricias y miradas que vuelven a nosotros sin haberlo esperado. ¿Qué más da? De verdad, ¿qué más da? ¿De verdad crees que voy a darle importancia acaso a algo de lo que haya podido pasar? Me da igual. No hay que pensarlo, simplemente siéntelo. Dos noches como las nuestras no se pueden comparar a ninguna con cualquiera, ¿sabes? Nadie puede llenarme de esa manera, nadie sabe hacerlo; nadie se aproxima a ti. ¿Por qué estás tan lejos? Deberías de estar más cerca, tan cerca que no me dejaras ni respirar. Quiero ahogarme en tu pecho, enredarme en tus manos, perderme en tus ojos, encenderme en tus labios, apagarme en tu cuello, sobrevivir a base de tus suspiros... Contar los lunares de tu cuerpo, perder la cuenta y volver a empezar. Pasarme las noches en vela, alelada, mirándote sin decir nada diciendote todo. Dejándote tu espacio, a la vez que te lo arrebato. Empezar la batalla en la cocina, seguirla en el salón y acabarla en la cama convirtiendola en guerra. Salir ganando aunque pierda, ¿sabes? No entender nada y sonreír por ello, como allí. Tumbarme en la arena contigo y reirme por cada palabra que pronuncies. Escucharte hablar durate horas y horas y no cansarme jamás de esa manera en la que solo tú dices mi nombre. Abrazarte porque sí, porque me apetece, porque me llena de vida tenerte cerca. Porque me gusta sentirme parte de ti, y respirarte hasta dejarte sin aroma. Porque me gusta que me suspires al oido porque entiendo lo que significa, porque me gusta que me empujes contra ti cuando me alejo más de dos milímetros. Porque me gustaba ver tu sonrisa en medio de los besos que nos dimos, y me gustaba sentirla por debajo de mis labios. Sabían a felicidad, a vida. Sabían a un momento eterno que nos duró demasiado poco. Sabían a no querer separarnos, a no querer que acabara, a querer que siguiera. Sabían a tres meses de espera, y a un año que queda. Sabían a mar, y a saber amar. Sabían a canciones de rap por la noche y por la tarde. Sabían a tardes de piscina y de playa. Sabían a ti y a mí. Sabían a Toledo, sabían a Donosti. Sabían a quinientos cuarenta y dos kilómetros disueltos en besos que sabían a todo y ahora me dejan el sabor de la nada.

martes, 29 de abril de 2014

No puedo

Hoy vuelvo a pensar en ti, pero esta vez con dudas. ¿Cómo te va? Hace tiempo que no sé de ti, de tu vida, de tu día a día. ¿Podrías dedicarme un momento? No será nada, lo prometo.
¿Le ves sentido a todo esto? Quiero decir, a pararnos frente a cada luna llena pensando uno en el otro, imaginándolo al otro lado de esa bola blanca, o incluso sentado a la vera de uno mismo, en un banco; en ese banco. No tengo recuerdo de ti por ninguna de estas calles, ni siquiera una esquina donde revivir un beso, no hay nada. Y en mí.. Esa es mi duda. No sé si en mí sigue habiendo algo de todo lo que hubo. Te veo y te siento cuando dices echarme de menos, pero ¿luego qué? Luego nada. No estás, no estoy, no estamos, y eso es lo que necesito. Estar. Verte. Sentirte. Tenerte. Tocarte. Y no puedo. Y eso es lo que me falta, poder.

sábado, 5 de abril de 2014

'Te echo de menos'


Cuando las cosas nos han sido fáciles siempre y se nos presenta algo que, prácticamente, parece imposible lo sencillo es echarse atrás y decir 'no'. Pero ¿qué pasa si dices 'sí'? Quizá eso que tan difícil parece no lo sea. Quiero decir; los límites son líneas imaginarias que inventamos para no sentirnos tan cobardes a la hora de rendirnos por no alcanzarlas, ¿entonces? ¿Qué pasa? ¿Que cada vez que algo nos cuesta quiere decir que es imposible?
Mirad, yo no soy quién para deciros que no hay nada imposible, pero nunca sabrás si lo es si no lo intentas.
Hay veces que ciertas oportunidades se te presentan una sola vez en la vida, que también es solo una, y tenemos que saber apreciarlas y valorarlas. Si te hace bien... ¿por qué rechazarla? Puede que hoy tengas mil razónes por las cuales decir 'no', pero quizá mañana solo encuentres razones por las que decir 'sí', aunque solo sea una. No sé, id a por ello. Si esa oportunidad que se os presenta os hace bien... id a por ello sin más. No tienes por qué justificarte ante nadie. Tan solo piensa: ¿me hace feliz? Si la respuesta es 'sí', no hay nada más que pensar ni reflexionar. ¿Qué más da cómo llegar? Si hay que cojer el camino largo, se coje, y punto.
El ayer es lo único que no puede rectificarse. Cada uno es como es por lo que arrastra, y lo que hoy vivimos es lo que mañana arrastraremos. El futuro es algo inmensamente grande para llenarlo de buenas cosas que van a hacer real tu presente. Es decir, vívelo y vívelas. Vive esas oportunidades, curiosea esas puertas que se abren solas y gira la manilla de aquellas que quedan por abrir. Avanza. No te estanques. Sigue adelante. No te rindas. No persigas tus sueños sin rumbo, ve a por ellos directamente; atrápalos y hazlos tuyos. Todos y cada uno de ellos, por muchos que parezcan, por pocos que sean. Ve. Demuéstrate a ti mismo que vales para hacerte feliz, que vales, simplemente eso.
No dejes que sea demasiado tarde y empieces a 'echar de menos'. Qué expresión tan típica en nosotros, ¿no? ¿Quién no echa de menos hoy en día? Y ¿qué significa 'echar de menos'?
Si echamos de menos algo es porque ese 'algo', un día, fue 'nuestro'. Algo que ayer convertimos en presente y hoy arrastramos. Algo que nos hizo bien y ahora necesitamos. Algo que ayer su presencia nos llenó y hoy su ausencia nos vacía. Algo que ayer nos curó y hoy duele...
Asíque si aun estás a tiempo de recuperar ese 'algo' que arrastras, pero no tienes, no sé a qué esperas para volver a hacerlo tuyo.
Echar de menos es jodido, pero más jodido es no poder hacer nada. Pero creedme, que siempre hay algo que hacer; para empezar, intentarlo.