Dime que no es verdad. Dime que cierre los ojos y que cuando los abra vas a estar aquí, conmigo. Que vas a abrazarme de nuevo, pero que esta vez no vas a soltarme. Que vas a recorrerme el cuerpo con tus labios y vas a perderte antes que yo. Que voy a perder la noción del tiempo otra vez, y que voy a peder la cuenta de las veces que nos ríamos de todo lo que nos separaba hasta antes de cerrar los ojos. Dime que lo nuestro es nuestro y que va a seguir siéndolo siempre, sigamos siendo nosotros o hagamos como que no nos conocemos. Que soy especial para ti y que no hay otra como yo. Que me echas de menos. Dime que me echas de menos. Que necesitas volver a mirarme de cerca, volver a escucharme respirar, volver a sentir mi aliento en tu cuello, volver a pasear de mi mano, volver a reirte de mis manías, de mis gestos. Volver a pronunciar mi nombre y que aparezca por detrás y te abrace. Dímelo. Dime que te hago falta. Que sientes mi ausencia. Miénteme y dime que vamos a volver a vernos en cada esquina de mi ciudad o de la tuya. Que Madrid se nos queda pequeño para pasear y que no necesitamos Paris para volvernos a enamorar. Miénteme, por favor. Miénteme y dime que cuando vuelva a abrir los ojos voy a ver los tuyos y vas a besarme en la mejilla y vas a decirme que se acabó la espera. Miénteme y dime que cuando abra los ojos tú y yo vamos a estar juntos. Y dime que te quedas y que me quedo contigo, donde sea; y sin mentir, dime que lo único que dejamos atrás son kilómetros.
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