Es él quien me acompaña y a quien me paso abrazada cada noche. Y cuanto más lo aprieto contra mi pecho no sé si te siento más cerca o más lejos, si me sana la herida o la hace un poco más profunda, si me hace bien o me hace mal.
Debe de estar arto de escucharme hablar de ti, debe de estar aburrido de ser mi paño de lágrimas, y a estas alturas debe odiar los pasos de mi cama a la tuya casi tanto como yo. Pero él bien sabe que no se queda en una simple charla, sabe que siempre después de las charlas llega la rabia. Llega el momento en que lo muerdo para que no se escuchen mis sollozos ni mi odio inmenso a las putas carreteras que te dejan tan lejos de mi alcance. Llega el momento en el que le clavo las uñas por no tirar todo a lo que abarquen mis manos. El momento en el que solo me escucha pronunciar la palabra 'joder', una y otra vez y lo dejo a un lado de la cama. Pero luego llegan las caricias, llegan la calma y las caricias. Llega el momento en el que cierro los ojos y me imagino que eres tú y vuelvo a abrazarlo. Vuelvo a estrujarlo sobre mi pecho tan fuerte como lo haría si te tuviera en ese momento. Y lo beso. Lo beso con cariño, con ternura. Acaricio las partes que antes hube arañado, y le susurro que todo está bien. Y acurrucada a él me quedo hasta que el sueño vuelve a ganar la batalla y me envuelve en su guerra en la que apareces cada noche, y desapareces cada mañana. Pero él sigue ahí, y con una sonrisa le doy las gracias; y en realidad te las doy a ti, por mandarme a alguien que me acompañe estas putas noches de mierda que se hacen interminables sin ti.
miércoles, 3 de septiembre de 2014
En blanco y negro
martes, 2 de septiembre de 2014
Miénteme
Dime que no es verdad. Dime que cierre los ojos y que cuando los abra vas a estar aquí, conmigo. Que vas a abrazarme de nuevo, pero que esta vez no vas a soltarme. Que vas a recorrerme el cuerpo con tus labios y vas a perderte antes que yo. Que voy a perder la noción del tiempo otra vez, y que voy a peder la cuenta de las veces que nos ríamos de todo lo que nos separaba hasta antes de cerrar los ojos. Dime que lo nuestro es nuestro y que va a seguir siéndolo siempre, sigamos siendo nosotros o hagamos como que no nos conocemos. Que soy especial para ti y que no hay otra como yo. Que me echas de menos. Dime que me echas de menos. Que necesitas volver a mirarme de cerca, volver a escucharme respirar, volver a sentir mi aliento en tu cuello, volver a pasear de mi mano, volver a reirte de mis manías, de mis gestos. Volver a pronunciar mi nombre y que aparezca por detrás y te abrace. Dímelo. Dime que te hago falta. Que sientes mi ausencia. Miénteme y dime que vamos a volver a vernos en cada esquina de mi ciudad o de la tuya. Que Madrid se nos queda pequeño para pasear y que no necesitamos Paris para volvernos a enamorar. Miénteme, por favor. Miénteme y dime que cuando vuelva a abrir los ojos voy a ver los tuyos y vas a besarme en la mejilla y vas a decirme que se acabó la espera. Miénteme y dime que cuando abra los ojos tú y yo vamos a estar juntos. Y dime que te quedas y que me quedo contigo, donde sea; y sin mentir, dime que lo único que dejamos atrás son kilómetros.
lunes, 1 de septiembre de 2014
Más amaneceres contigo
Hoy las estrellas brillan en mi cielo, aunque no con toda la fuerza con la que quisiera. Quizá esque hoy el sol se encontraba cansado y no tenía fuerzas para darles luz, o quizá sean mis ojos, que no quieren mirar de la misma manera desde que no estás. Puede que esta noche me salven, que las estrellas bajen a mi cama para poder escribirte estas palabras que siempre se te quedan cortas. La noche es oscura, y me pesa. Me pesa no poder tocarte; acariciarte. Pasarme las noches mirando cómo me miras mientras te bailo, cogerte de la mano y escaparnos a donde quiera que nos lleven las ganas de perdernos. Tumbarnos en la arena, enredarnos y ser la luna quien nos envidie por una noche, o por todas las que pasáramos juntos. Sinceramente, no me hubiera importado haber dejado que el silencio nos invadiera mientras las agujas seguian dando vueltas en mi muñeca, aunque nunca sería capaz de rechazar un beso de tus labios. Tenías el juego de tu parte, ibas con ventaja; eras tan poderoso que podías mantenerme en babia todo el tiempo que quisieras, incluso sin quererlo. Mírame. Tú allí, y yo aquí y sigo igual. En babia por tus miradas y sonrisas. Nadie me había mirado así nunca, y me encanta. Me encantaba que me pusieras nerviosa al mantenerme la mirada durante esos minutos que ojalá hubieran sido eternos. Me encantaba que acariciaras mi piel de esa manera en la que llegaste hasta acariciarme el corazón y sanarlo. Sanarlo de todas las veces que se rompió por no haber sido cuidadosa con él.
Cómo no quererte, dime. Cómo no sentir nada. Cómo dejar a un lado todo esto tan nuestro. Después de todo sigues ahí, y después de todo lo que había no se fue. No eres cualquiera, no eres uno más. No es un simple verano más, ¿lo sabes? Tenemos un enemigo, un enemigo que es enemigo si le dejamos serlo. Pero si algo se quiere se intenta y se lucha, se es consciente y constante. Yo sé a lo que me arriesgo, y quiero arriesgarme; me da igual quedarme sin nada. Lo único que me importa lo perderé si no me arriesgo...
Y ya solo me queda decir que los amaneceres no se ven tan bonitos si no son a través de tus ojos, y quiero volver a disfrutarlos contigo, volver a tumbarnos bajo las estrellas y sobre la arena... Solo te recuerdo que aquí tienes tres playas que te están esperando.